Grasa parda: qué es y qué sabemos sobre activarla
Qué es la grasa parda, cómo funciona UCP1 y qué muestran los estudios humanos sobre frío, ejercicio y pérdida de peso, sin promesas de activación.

La grasa parda produce calor y también está presente en adultos. En 199 voluntarios se detectó actividad en el 55% de los menores o iguales a 30 años y en el 15% de los mayores de 40. Pero tenerla activa no garantiza adelgazar: depende del contexto y de cómo se mide (Yoneshiro, International Journal of Obesity, 2013).
¿Qué es la grasa parda y dónde se encuentra?
Es un tejido especializado en producir calor. Se llama parda porque sus células contienen muchas mitocondrias, las estructuras que transforman la energía dentro de la célula. No es un tipo de grasa que puedas reconocer mirándote al espejo.
En adultos, algunos depósitos se localizan alrededor del cuello y por encima de las clavículas. En 2009, Virtanen y colaboradores estudiaron a cinco personas: con frío, la captación de glucosa en esas zonas aumentó unas 15 veces. Las biopsias de tres participantes confirmaron tejido con la proteína UCP1, característica de la grasa termogénica (New England Journal of Medicine).
El hallazgo corrigió una idea: no era un tejido exclusivo de los bebés. Sin embargo, localizar actividad en una imagen no permite saber por sí solo cuánto influye en el peso de una persona durante meses.
¿Cómo convierte la proteína UCP1 la energía en calor?
UCP1 permite que parte de la energía de las mitocondrias se disipe como calor, en lugar de utilizarse para fabricar ATP. El ATP es una molécula que la célula emplea para realizar trabajo. A este desvío se le llama desacoplamiento.
| Tejido | Función que ayuda a entenderlo | Matiz importante |
|---|---|---|
| Grasa blanca | Almacenar energía y emitir señales | También es un órgano activo |
| Grasa parda | Producir calor mediante UCP1 | Su actividad varía entre personas |
| Células beige | Adquirir características termogénicas | No equivalen a convertir toda la grasa blanca |
Desliza la tabla para verla completa →
En un estudio de diez días de aclimatación al frío aumentó la respuesta termogénica, pero no se detectó un cambio significativo en los marcadores de conversión de la grasa abdominal subcutánea a beige (van der Lans, JCI, 2013). Activar un depósito no implica transformar todo el cuerpo.
¿Activar la grasa parda sirve para adelgazar?
Puede influir en el gasto energético, pero no tenemos una receta universal de pérdida de peso.
Yoneshiro estudió exposiciones de dos horas diarias a 17 °C durante seis semanas en personas con poca actividad inicial. Se observaron aumentos de actividad y una reducción de grasa corporal. Fue un experimento pequeño, con una exposición sostenida y controlada, no una prueba de duchas de treinta segundos (JCI, 2013).
Dos horas diarias durante seis semanas en un experimento no demuestran que una ducha breve produzca el mismo resultado. La duración y el contexto forman parte de la evidencia.
Por eso no tiene sentido prometer que la grasa parda quema una cifra fija de calorías al día en todas las personas. Tampoco se puede traducir una captación de glucosa aislada en kilos que desaparecerán al cabo de un año.
¿Por qué cambia con la edad y con la temperatura?
La actividad detectable depende del estímulo y de las características de la persona. El estudio de 199 voluntarios mostró diferencias entre grupos de edad, pero una comparación entre personas no sigue el envejecimiento de cada individuo ni demuestra un destino inevitable.
También importa la temperatura de la prueba. Lee y colaboradores siguieron a cinco hombres durante cuatro meses, con temperaturas nocturnas de 24, 19, 24 y 27 °C. La respuesta del tejido y algunos indicadores de sensibilidad a la insulina cambiaron con la aclimatación (Diabetes, 2014).
Cinco participantes permiten explorar un mecanismo; no bastan para recomendar una temperatura de dormitorio a toda la población. El resultado tampoco establece que dormir con frío aumente la longevidad.
¿Tener más actividad se relaciona con mejor salud metabólica?
Hay asociaciones interesantes, pero conviene leer cómo se obtuvieron.
Becher y colaboradores revisaron 134.529 exploraciones de 52.487 pacientes. Quienes tenían grasa parda detectable presentaban menor prevalencia de diabetes tipo 2 y de varios problemas cardiovasculares. Las imágenes se habían realizado por motivos relacionados con el cáncer, no para estudiar una muestra representativa de toda la población (Nature Medicine, 2021).
El análisis ajustó diferencias entre participantes, pero siguió siendo observacional. No demuestra que activar ese tejido prevenga una enfermedad, ni que dos personas con distinta actividad tengan el mismo riesgo por todas las demás causas.
→ Una asociación orienta nuevas investigaciones; un ensayo debe comprobar si cambiar el tejido mejora realmente la salud.
La grasa que emite señales hormonales plantea otra pregunta: cómo se comunica con otros órganos. Ese papel endocrino es distinto de la producción de calor que centra este artículo.
¿El ejercicio activa la grasa parda en humanos?
No podemos prometerlo. Algunas respuestas observadas en roedores no se han confirmado del mismo modo en personas.
ACTIBATE asignó a 145 adultos jóvenes sedentarios a control, ejercicio moderado o vigoroso. Tras 24 semanas de entrenamiento combinado, con 97 participantes en el análisis final, no encontró aumentos del volumen ni de la actividad de la grasa parda. La condición física sí mejoró (Martínez-Téllez y colaboradores, Nature Communications, 2022).
Un ensayo publicado en 2026 comparó seis semanas de ciclismo de intensidad variable con un grupo de control en 24 participantes. No encontró cambios en el aumento del consumo de oxígeno provocado por frío leve. No midió directamente el volumen de grasa parda con PET: evaluó la respuesta fisiológica al frío (Braunsperger, Journal of Clinical & Translational Endocrinology).
En ACTIBATE, 24 semanas de ejercicio mejoraron la condición física sin aumentar la grasa parda medida. Un beneficio del entrenamiento no necesita pasar por ese mecanismo para ser real.
¿Necesitas frío intenso o suplementos para conseguir beneficios?
No se desprende esa conclusión de los estudios citados.
Un ensayo de 2026 sobre nitratos, en adultos mayores con diabetes tipo 2, no encontró un efecto sobre la fracción grasa ni la activación del tejido estudiado. El resultado no autoriza a vender un suplemento como forma probada de activar grasa parda (Neal y colaboradores, European Journal of Sport Science).
Si lo que te interesa es la recuperación con frío, puedes consultar el artículo sobre baños de hielo y sauna. Aquí no buscamos repetir esa discusión, sino separar la actividad de un tejido de una promesa de adelgazamiento.
¿Cómo encaja esto en un plan de Health Longevity en Murcia?
Como conocimiento útil para elegir mejor, sin convertirlo en un objetivo que tengas que perseguir.
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Health Longevity se centra en conservar capacidad y autonomía. Para entender otra parte del proceso puedes leer cómo la carga se convierte en señales celulares, sin que calor, sudor y adaptación signifiquen lo mismo.
- La grasa parda existe en adultos y produce calor.
- Actividad detectable, gasto energético y pérdida de peso son resultados diferentes.
- La evidencia humana no permite prometer que el ejercicio la aumente.
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Estudios citados
- Virtanen y colaboradores, NEJM (2009).
- Yoneshiro y colaboradores, International Journal of Obesity (2013).
- Yoneshiro y colaboradores, JCI (2013).
- Van der Lans y colaboradores, JCI (2013).
- Lee y colaboradores, Diabetes (2014).
- Becher y colaboradores, Nature Medicine (2021).
- Martínez-Téllez y colaboradores, Nature Communications (2022).
- Braunsperger y colaboradores, JCTE, publicación en línea (2026).
- Neal y colaboradores, European Journal of Sport Science (2026).
Contenido elaborado con la asistencia de inteligencia artificial y revisado por el equipo de Centro Toni Alonso antes de su publicación.
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