Presión arterial y ejercicio: por qué entrenar puede reducirla incluso horas después

Una sola sesión de 45 minutos deja la sistólica entre 6 y 13 mmHg más baja durante 16 horas, medido con registro ambulatorio de 24 horas y no en camilla. El efecto crónico es en buena parte la suma de esas ventanas, y baja en proporción a lo alta que la tengas: 8,3 mmHg en hipertensos frente a nada relevante con la tensión normal. Qué modalidad la baja más y para qué sirven ocho milímetros de mercurio.

Una sola sesión de 45 minutos dejó la tensión sistólica entre 6 y 13 mmHg más baja durante las 16 horas siguientes, medida con registro ambulatorio de 24 horas en hombres de 60 años con hipertensión (Taylor-Tolbert, American Journal of Hypertension, 2000). No son las dos horas que decía el laboratorio: es casi el día entero.

¿Cuánto dura el efecto de una sola sesión?

Mucho más de lo que se creía, y la diferencia está en dónde se mide.

En camilla, con la persona tumbada y quieta, la tensión vuelve a su sitio en dos o tres horas. Por eso durante años se dio el fenómeno por anecdótico. Cuando se midió con un aparato que acompaña a la persona todo el día y toma lecturas cada pocos minutos, el resultado cambió: once hombres sedentarios de unos 60 años con hipertensión de grado 1 o 2 caminaron 45 minutos al 70% de su capacidad aeróbica, y la sistólica se quedó entre 6 y 13 mmHg por debajo durante las 16 horas siguientes, con la media de las 24 horas, la del día y la de la noche significativamente más bajas (Taylor-Tolbert, American Journal of Hypertension, 2000).

Eso es la hipotensión postejercicio. No es que te quedes flojo un rato: es una ventana larga de tensión más baja que empieza al terminar.

Una sola sesión de 45 minutos dejó la sistólica entre 6 y 13 mmHg más baja durante 16 horas, y bajó también la media de las 24 horas (Taylor-Tolbert, 2000).

¿Por qué se queda baja después de entrenar?

Porque los vasos que acabas de usar se quedan abiertos un buen rato.

La tensión es, a grandes rasgos, lo que el corazón bombea por la resistencia que le opone la red de vasos. Al terminar de entrenar, el gasto cardiaco vuelve pronto a lo normal pero la resistencia vascular sigue baja: las arteriolas del músculo que ha trabajado no se han vuelto a cerrar del todo, así que la misma sangre circula contra menos oposición. El reparto exacto de la causa entre el reflejo que vigila la presión y unos receptores del propio músculo lo contamos en barorreflejo, que es donde toca.

→ El efecto crónico es en buena parte la suma de estas ventanas. Entrenar tres días por semana son tres días de siete con la tensión más baja, no tres horas.

¿En quién baja de verdad y cuánto?

Aquí está el dato más útil, y es contraintuitivo: baja en proporción a lo alta que la tengas.

Reuniendo 93 ensayos aleatorizados con 5.223 personas, el entrenamiento aeróbico bajó la tensión 3,5 mmHg de sistólica y 2,5 de diastólica de media. Pero al separar por punto de partida, en los 26 grupos de personas hipertensas la caída fue de 8,3 y 5,2 mmHg, en los prehipertensos de 2,1 y 1,7, y en quienes tenían la tensión normal fue de 0,75 y 1,1, sin alcanzar significación en la sistólica (Cornelissen y Smart, Journal of the American Heart Association, 2013).

La lectura práctica es doble. Si tienes la tensión alta, el ejercicio es una herramienta de primer orden. Si la tienes normal, entrenas por otras cosas, porque bajártela más ni ocurre ni haría falta.

¿Qué tipo de entrenamiento la baja más?

El isométrico, según el análisis más grande que existe, y con un matiz que conviene leer entero.

Un meta-análisis en red de 270 ensayos aleatorizados con 15.827 participantes comparó todas las modalidades a la vez (Edwards, British Journal of Sports Medicine, 2023). Estos fueron los descensos de sistólica y diastólica:

Modalidad de entrenamientoSistólica y diastólica, en mmHg
Isométrico, tipo sentadilla en pared o agarre sostenido8,24 y 4,00
Aeróbico y fuerza combinados6,04 y 2,54
Fuerza dinámica4,55 y 3,04
Aeróbico4,49 y 2,53
Interválico de alta intensidad4,08 y 2,50

El matiz: en el meta-análisis anterior el isométrico también salía primero, con 10,9 mmHg, pero eso venía de solo 5 grupos frente a los 105 del aeróbico, y los propios autores avisaban de ello. Es una señal repetida en dos análisis, no una recomendación de cambiar todo tu entrenamiento por sentadillas isométricas contra la pared. Lo sensato es sumarlo, no sustituir.

¿Para qué sirven ocho milímetros de mercurio?

Para bastante más de lo que sugiere la cifra.

En 344.716 personas de 48 ensayos aleatorizados, cada 5 mmHg menos de sistólica se asoció a una razón de riesgo de 0,91 para sufrir un evento cardiovascular grave (Blood Pressure Lowering Treatment Trialists Collaboration, The Lancet, 2021). Aviso obligatorio: eso se midió bajando la tensión con medicamentos, no con ejercicio. Sirve para dimensionar cuánto vale un milímetro de mercurio, no para atribuirle al entrenamiento ese beneficio exacto.

En 344.716 personas, bajar 5 mmHg de sistólica se asoció a un 9% menos de eventos cardiovasculares graves, medido en ensayos de fármacos (The Lancet, 2021).

¿Cambia algo en tu regulación autonómica?

Sí, aunque no en todo lo que se suele decir.

La adaptación crónica al entrenamiento incluye menos tráfico nervioso simpático hacia los vasos. Midiéndolo con microneurografía, que registra ese tráfico con un electrodo en el nervio, un meta-análisis de 40 estudios y 1.253 personas encontró que quienes entrenaban bajaban la frecuencia y la incidencia de descargas simpáticas frente a los controles, con más caída en quien tenía enfermedad cardiovascular (Journal of Applied Physiology, 2024).

Conviene ponerlo al lado de lo contrario, que también está medido: en mayores, los ensayos aleatorizados no encuentran que el ejercicio mejore la sensibilidad del reflejo que corrige la presión segundo a segundo. Son dos ramas distintas del mismo control, y solo una se mueve.

→ Entrenar cambia el tono con el que tu sistema nervioso aprieta los vasos, aunque no arregle el reflejo que corrige la presión de golpe.

¿Cómo es tu plan de acción con Toni Alonso?

Como entrenador personal en Murcia, esto se traduce en decisiones concretas:

En Health Longevity el marco es el de siempre: capacidades que se conservan usándolas. Quién abre esos vasos lo cuenta el endotelio, lo que le pasa a la pared arterial con los años está en rigidez arterial, y por qué la capacidad aeróbica predice tanto, en VO2max.

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