Tendones y envejecimiento: el tejido que también necesita entrenarse

El núcleo de tu tendón de Aquiles se formó antes de los 17 años y apenas se renueva después: se midió con datación por carbono-14 en tejido humano. El músculo se adapta en semanas y el tendón en meses, y de ese desfase sale buena parte de las tendinopatías. Qué carga lo cambia de verdad y por qué el reposo total no es el tratamiento.

El núcleo de tu tendón de Aquiles se formó antes de los 17 años y apenas se ha renovado desde entonces. Se midió con datación por carbono-14 en tejido humano, y en el mismo cuerpo el músculo sí se recambiaba (Heinemeier, FASEB Journal, 2013). Ese contraste explica por qué el tendón exige otra paciencia.

¿Por qué el tendón va siempre por detrás del músculo?

Porque se adapta mucho más despacio, y eso abre una ventana peligrosa.

Un estudio siguió tres meses de entrenamiento midiendo cada mes por separado el músculo y el tendón. La fuerza subió un 29,6% a los dos meses. La rigidez tendinosa, la propiedad que permite transmitir esa fuerza sin deformarse de más, no se movió hasta pasados esos dos meses (Kubo, Journal of Strength and Conditioning Research, 2010). Al parar ocurre lo contrario, y es peor: en un mes la rigidez ya había vuelto al punto de partida mientras la fuerza seguía intacta (Kubo, European Journal of Applied Physiology, 2012).

El músculo gana un 29,6% de fuerza en dos meses; el tendón no mueve su rigidez hasta pasados esos dos meses, y al parar la pierde en uno (Kubo, 2010 y 2012).

→ Durante unas semanas tienes un motor más potente montado sobre el mismo cable. Ahí aparece buena parte de las tendinopatías por sobrecarga.

Y está medido, no deducido. En 44 deportistas adolescentes seguidos una temporada, quienes acabaron con dolor tendinoso ya presentaban antes más deformación en el tendón, y una deformación igual o superior al 9% multiplicaba por 2,3 el riesgo (Mersmann, Sports Medicine Open, 2023). Cada tejido tiene además su propio calendario al parar, y eso lo vemos en desentrenamiento y memoria muscular.

¿Es cierto que el tendón que tienes se formó antes de los 18 años?

En su parte central, sí. Y cuesta creerlo hasta que ves cómo se midió.

Las pruebas nucleares atmosféricas de los años cincuenta y sesenta dejaron un pico de carbono-14 en la atmósfera que funciona como marca temporal. Si un tejido se renueva, incorpora carbono nuevo; si no, conserva la firma del año en que se formó. En 28 muestras de tendón de Aquiles humano, esa firma correspondía a los primeros 17 años de vida (Heinemeier, FASEB Journal, 2013). El mismo grupo repitió el método en cartílago y en menisco con idéntico resultado, así que es un patrón del tejido conectivo, como vemos en cartílago y ejercicio.

Hay una vuelta de tuerca que casi nadie cuenta. En tendones con tendinopatía, la mitad del colágeno sí había sufrido recambio, y llevaba años haciéndolo antes del primer síntoma (Heinemeier, 2018). Sea porque el dolor es la fase tardía de un proceso larguísimo o porque ese recambio anómalo era ya un factor de riesgo, el problema no empezó el martes.

¿Qué le pasa al tendón con la edad?

Menos de lo que se supone, siempre que lo sigas cargando. Aquí la literatura se contradice, y la contradicción es lo interesante.

Un estudio comparó el tendón rotuliano de jóvenes y de mayores y encontró un cambio químico enorme: la pentosidina, un entrecruzamiento que se forma por glicación (el proceso por el que el azúcar se pega a las proteínas y las endurece), era 6,6 veces mayor en los mayores. Y aun así no hubo diferencias significativas en las propiedades mecánicas (Couppé, Journal of Applied Physiology, 2009). El detalle decisivo: los dos grupos hacían las mismas horas de actividad física. Otro estudio, con grupos no igualados en actividad, sí halló una caída del 31% en la rigidez de los mayores (Quinlan, Journals of Gerontology, 2018). La lectura conjunta que propone una revisión reciente es que el nivel de actividad pesa más que la edad en sí (Rosborg, American Journal of Physiology, 2025).

Los entrecruzamientos por glicación se multiplican por 6,6 con la edad, pero a igual actividad física las propiedades mecánicas del tendón apenas cambian (Couppé, 2009).

Un matiz honesto: un ensayo de doce meses en personas de 62 a 70 años comprobó que la fuerza no deshace esos entrecruzamientos. Lo que sí mejoró fueron las propiedades mecánicas, y solo con carga pesada (Eriksen, BMC Geriatrics, 2019). El tejido no rejuvenece por dentro: se vuelve más competente.

¿Por qué correr o caminar no entrena tus tendones?

Porque no alcanzan el umbral, y esto sorprende incluso a quien entrena a diario.

La deformación del Aquiles medida dentro del cuerpo va del 4,0% caminando al 4,9% corriendo a 3,5 metros por segundo, magnitud que los autores consideran insuficiente como estímulo de adaptación (Kharazi, Scientific Reports, 2021).

La prueba de que existe un umbral viene de un diseño excelente: cada persona entrenaba una pierna con deformación baja y la otra con deformación alta, mismo volumen y misma frecuencia, así que el control genético es perfecto. Solo la pierna de deformación alta, en torno al 4,5% frente al 2,9% de la baja, mejoró rigidez y módulo elástico (Arampatzis, Journal of Experimental Biology, 2007). La pliometría tampoco funciona: varios trabajos con saltos no logran cambios significativos en el tendón humano (Mersmann, Frontiers in Physiology, 2017).

AspectoMúsculoTendón
Primer cambio medible2 a 4 semanas8 a 12 semanas
Qué lo estimulaTensión, volumen y variedad de contraccionesMagnitud de la carga, casi sin importar el tipo de contracción
Duración del esfuerzoAmplio abanico útilEn torno a 3 segundos por repetición
Caminar y correrInsuficiente para ganar fuerzaInsuficiente: 4,0 a 4,9% de deformación
Al dejar de entrenarLa fuerza aguanta semanasLa rigidez cae en un mes
Renovación del tejidoContinua toda la vidaEl núcleo casi no se renueva tras los 17 años

¿Qué carga sí cambia un tendón?

Carga alta, sostenida unos tres segundos y repetida durante al menos tres meses.

El meta-análisis de referencia reunió 27 estudios y 264 participantes: el entrenamiento mejora con claridad la rigidez y el módulo elástico, y bastante menos el grosor. Lo determinante es la intensidad de la carga, no el tipo de contracción muscular (Bohm, Sports Medicine Open, 2015), lo que desmonta la obsesión con el trabajo excéntrico. Sobre la duración, un experimento con la misma deformación y el mismo volumen encontró que tres segundos de contracción y tres de relajación subían la rigidez un 57%, doce segundos por repetición solo un 25%, y los saltos nada significativo (Bohm, Journal of Experimental Biology, 2014). De ahí sale el protocolo que publican esos autores: 5 series de 4 repeticiones al 85-90% de la contracción máxima, 3 segundos de tensión y 3 de relajación, 3 veces por semana y un mínimo de 12 semanas.

→ Un tendón no se entrena con más repeticiones, sino con más carga mantenida el tiempo suficiente.

Y responde también en edades avanzadas. En personas de 74 años de media, 14 semanas de fuerza subieron la rigidez tendinosa un 65% y el módulo elástico un 69%, sin cambios en el grupo control (Reeves, Journal of Physiology, 2003). La misma lógica de carga que sirve al hueso sirve al tendón, y depende de la maquinaria de fabricación de proteínas que vemos en proteostasis.

¿Y si ya me duele? ¿Hay que parar del todo?

Parar del todo suele ser el peor plan. Y la palabra tendinitis es parte del problema, porque su terminación apunta a una inflamación que, en el modelo aceptado hoy, no es lo que domina el cuadro.

El modelo del continuo describe tres fases (Cook y Purdam, British Journal of Sports Medicine, 2009):

Lo que empuja al tendón en un sentido o en otro es añadir o quitar carga. Y aquí está la clave: descargar un tendón produce cambios en célula y matriz parecidos a los de la sobrecarga y reduce su integridad mecánica. El reposo no es neutro.

Los ensayos apuntan igual. Comparados de frente, el trabajo lento y pesado y el excéntrico funcionan igual de bien a doce y a cincuenta y dos semanas; la diferencia que sí alcanzó significación estadística fue el cumplimiento, 92% de las sesiones frente al 78% (Beyer, American Journal of Sports Medicine, 2015). Frente a la infiltración de corticoide el patrón es claro: bien a corto plazo, mal a largo (Kongsgaard, Scandinavian Journal of Medicine and Science in Sports, 2009).

Una precaución obligada: ante dolor persistente, hinchazón o pérdida de función, lo primero es un diagnóstico profesional. Aquí explicamos cómo se comporta el tejido, no sustituimos a tu médico ni a tu fisioterapeuta.

¿Cómo es tu plan de acción con Toni Alonso?

Como entrenador personal en Murcia, esto es lo que cambia cuando se programa pensando también en el tendón:

Es la parte menos vistosa del entrenamiento y una de las que más protege la autonomía a largo plazo. Health Longevity va justo de eso, de construir una estructura que aguante décadas en lugar de un pico de rendimiento en seis semanas.

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