Células senescentes: las “células zombi” que aceleran el envejecimiento

Son células que dejan de dividirse pero se niegan a morir, y desde ahí envenenan a sus vecinas con señales inflamatorias. Cuando se eliminaron en ratones ya viejos, la vida media se alargó entre un 24% y un 27% (Baker et al., Nature, 2016). Te contamos qué se sabe en humanos y por qué el ejercicio es hoy la única palanca con respaldo real.

Una célula senescente ha dejado de dividirse pero se niega a morir, y desde ahí sigue lanzando señales inflamatorias a sus vecinas. Cuando se eliminaron esas células en ratones ya viejos, su vida media se alargó entre un 24% y un 27% (Baker et al., Nature, 2016). En humanos la historia es mucho más prudente, y el ejercicio es hoy la palanca con más respaldo.

¿Qué es exactamente una célula senescente?

Es una célula que ha recibido tanto daño que el cuerpo decide retirarla del servicio activo. Deja de dividirse para siempre, pero no se suicida como haría una célula dañada normal: resiste a la muerte celular programada y se queda ahí, ocupando sitio y hablando. De ahí el apodo de célula zombi, ni viva del todo ni muerta del todo.

Las causas habituales son tres: telómeros demasiado cortos tras muchas divisiones (lo tienes explicado en nuestro artículo sobre telómeros y ejercicio), daño en el ADN, y estrés metabólico u oxidativo sostenido.

→ La senescencia empieza siendo un mecanismo de protección: una célula dañada que deja de dividirse es una célula que no se convierte en tumor. El problema aparece cuando se queda para siempre.

¿Por qué molestan tanto si son tan pocas?

Porque no se limitan a estar ahí. Segregan un cóctel de moléculas inflamatorias que tiene nombre propio: fenotipo secretor asociado a la senescencia, o SASP por sus siglas en inglés. Ese cóctel degrada el tejido de alrededor y convierte a células sanas en nuevas células senescentes.

Trasplantar un número relativamente pequeño de células senescentes a ratones jóvenes bastó para provocarles un deterioro físico persistente y para propagar la senescencia a sus propios tejidos (Xu et al., Nature Medicine, 2018).

Ese es el punto clave: no hacen falta muchas. Funcionan como la manzana podrida del cajón.

En una revisión sistemática de 51 estudios con 2.072 participantes, los marcadores de senescencia subieron con la edad en 14 tejidos humanos distintos, con un aumento de 0,16 unidades estandarizadas por cada 10 años de edad (Tuttle et al., Aging Cell, 2020).

¿Entonces las células senescentes son siempre malas?

No, y conviene decirlo. Sin senescencia tendríamos más cáncer y cerraríamos peor las heridas.

Las células senescentes aparecen en las primeras fases de una herida en la piel y aceleran su cierre segregando PDGF-AA. Cuando se eliminaron en ratones, la herida cicatrizó peor (Demaria et al., Developmental Cell, 2014).

→ La diferencia entre útil y dañina es el tiempo. En una herida aparecen, hacen su trabajo y desaparecen. En un tejido envejecido se acumulan y no se van nunca. El problema no es que existan: es que persistan.

¿Qué tienen que ver con la inflamación crónica de bajo grado?

Todo. El SASP es una de las fuentes principales de esa inflamación silenciosa que va desgastando los tejidos con los años, la que te explicamos en nuestro artículo sobre inflammaging.

Y hay un puente muy concreto con tu metabolismo energético: las citoquinas que segregan las células senescentes hacen que ciertos macrófagos proliferen y expresen CD38, la principal enzima que destruye NAD+, lo que explica en parte por qué el NAD+ de los tejidos cae con la edad (Covarrubias et al., Nature Metabolism, 2020). Lo tienes desarrollado en nuestro artículo sobre NAD+ y sirtuinas.

¿Se pueden eliminar? Qué dicen los ensayos de verdad

En ratones, los resultados son espectaculares. En humanos, estamos en la casilla de salida.

Eliminando de forma selectiva las células que expresan p16Ink4a en ratones adultos no progeroides, la vida media aumentó un 27% y un 24% según el fondo genético, además de retrasar los tumores y el deterioro de varios órganos (Baker et al., Nature, 2016).

La administración oral e intermitente de senolíticos (dasatinib más quercetina) a ratones viejos mejoró la función física y aumentó la supervivencia posterior al tratamiento un 36% (Xu et al., Nature Medicine, 2018).

En personas, el primer estudio con senolíticos se hizo en 14 pacientes con fibrosis pulmonar idiopática y su objetivo era comprobar si el protocolo era viable y tolerable, no si funcionaba (Justice et al., EBioMedicine, 2019). Después ha habido ensayos de fase I con placebo en esa misma enfermedad. Es decir: seguridad y viabilidad, en enfermos, en muestras diminutas.

Un aviso sin rodeos: el dasatinib es un fármaco oncológico con receta y con efectos adversos reales, y la quercetina en las dosis de esos estudios no se parece a la de un bote de suplemento. Nadie debería automedicarse esto para rejuvenecer. Hoy no existe ningún senolítico aprobado para el envejecimiento en personas sanas.

¿Y el ejercicio hace algo contra las células zombi?

Aquí sí hay datos en humanos, y son mejores de lo que mucha gente espera.

Tras un programa estructurado de 12 semanas en adultos mayores, los marcadores del programa de senescencia (p16, p21, cGAS y TNF alfa) bajaron de forma significativa en los linfocitos T, y esos cambios predecían la mejora funcional (Englund et al., Aging Cell, 2021).

En tejido graso ocurre algo parecido: el ejercicio evitó la acumulación de células senescentes y la expresión del SASP provocadas por una dieta basura, e incluso empezando a entrenar después de meses de mala alimentación bajaron los marcadores de senescencia y mejoró la capacidad física (Schafer et al., Diabetes, 2016).

Islotes pancreáticos humanos de donantes con diabetes tipo 2, tratados con el suero recogido tras un programa de 10 semanas de entrenamiento de resistencia, mostraron un descenso significativo de los marcadores de senescencia (Nature Metabolism, 2024).

Ese último detalle es llamativo: no hizo falta que el ejercicio llegara al tejido, bastó con lo que el ejercicio puso en la sangre.

EstrategiaQué se ha demostradoEn quién
Senolíticos farmacológicosMás vida media y mejor función físicaRatones; en personas solo seguridad, en muestras muy pequeñas
Ejercicio estructuradoBajan p16, p21, cGAS y TNF alfa, y mejora la funciónHumanos, programas de 10 a 12 semanas
Suplementos senolíticos de tiendaNada demostrado a las dosis que se vendenSin ensayos que respalden la promesa

Honestidad obligatoria: lo que el ejercicio ha demostrado en humanos es bajar marcadores y mejorar función, no alargar la vida por esa vía concreta. Pero es lo único de esta lista que puedes hacer hoy, sin receta y sin riesgo.

¿Cómo es tu plan de acción con Toni Alonso?

No hay pastilla que retire tus células zombi. Lo que sí hay es un estímulo que baja sus marcadores y mejora tu función, y se llama entrenamiento bien dosificado. Como entrenador personal en Murcia con enfoque en longevidad saludable (Health Longevity), Toni Alonso te monta un programa de fuerza y trabajo aeróbico progresivo, con la constancia que usan los estudios (de 10 a 12 semanas mínimo, no diez días), acompañado de sueño y alimentación reales. Reserva una prueba gratuita en el centro y empieza por lo que sí tiene evidencia.

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